Pelea de Urracas 1


2 de Abril de 2005

St James’ Park, Newcastle. 52.306 espectadores

Newcastle United 0 – Aston Villa 3 (Gareth Barry x2 (Pen.), J. Pablo Angel)

http://www.youtube.com/watch?v=AFLeTm46CqQ

Kieron Dyer se despertó con la esperanza de no encontrar a sus hijos desayunando en la cocina. Sabía que el suceso acaecido hacía apenas 18 horas le impediría mirarlos sin sentir vergüenza, consciente de que los periódicos deportivos abrirían con su figura enzarzada en una pelea con Lee Bowyer. Dyer pretendía, ingenuo, que sus hijos no vieran la bochornosa riña entre dos compañeros de equipo, pero estaba seguro que su mujer, atónita, no habría podido apagar el televisor a tiempo.

Dyer, otrora uno de los jugadores más prometedores del fútbol inglés, se había estancado en un equipo sin ambición, con grandes jugadores sumidos en un letargo tan frío como lo era Newcastle. Él lo sabía, de la misma manera que su compañero Bowyer, que había pasado de ser uno de los mejores jugadores de la Premier League, en el gran Leeds de principios de siglo, a ver limitada su carrera entre empujones y pisotones a rivales. “There is no future for you”, que dirían los Sex Pistols. Quizá dicha frustración, aunada con el mal resultado que se daba en el partido contra el Aston Villa, y que Dyer no le había pasado el balón a Bowyer en una acción del partido, fueron los detonantes de dicha pelea. Al menos, esos fueron los argumentos que se publicaron en los periódicos.

Dyer salió de casa, se arrebujó con su gabardina, se escondió tras unas grandes gafas de sol, y partió hacia el Café 7 de Benton Road . Allí le esperaba Bowyer, de la misma guisa y con un latte sobre la mesa. Al ver llegar a Dyer, Bowyer no pudo disimular una sonrisa.

Se dieron dos besos en las mejillas, como hacen los artistas, y se sentaron.

-¿Has visto los periódicos? -preguntó Bowyer nervioso-. ¿Lo contamos?

-Me da mucha vergüenza -se sinceró Dyer-. Si alguien se entera de todo esto nos.. nuestra carrera estará acabada -dijo.

Bowyer apuró su café sin levantar la cabeza.

-Quizá es que si no lo quieres contar es que no estás seguro de ello -levantó la vista para fijar sus ojos en los de Dyer.

-No me gusta que pienses eso -dijo Dyer.

-Es lo que me haces pensar -respondió Bowyer, cortante.

-Entiéndeme, nos jugamos demasiado -pidió con ojos tristes.

-¡Vamos hombre, como si no supiéramos tu, yo, y toda la puta afición inglesa, que estamos acabados, necesitamos un cambio! – gritó Bowyer con la cara congestionada. En cuanto se dio cuenta de la situación, Bowyer se levantó y cuando hizo el ademán de irse, se giró bruscamente a su interlocutor.

-Todo esto ha sido un error -Espetó-. Lo haré yo solo -Finalizó exhausto. Cogió su abrigo, y se marchó.

A los dos días Dyer lo vio en primera plana del Daily Mirror. Bowyer’s shot rezaba el tabloide en grandes letras blancas. A Dyer le entró un sudor frío por todo el cuerpo. “No puede ser”, pensaba mientras no dejaba de mirar la portada del diario. Abrió la primera página y allí estaba Bowyer, vestido de pirata, con los brazos abiertos, una enorme sonrisa y unos ojos pintados que oteaban el horizonte. Era un cartel de una obra de teatro, y él, el protagonista absoluto de ésta.

-Maldito -Dijo Dyer entre dientes, mientras arrugaba el periódico.

Con el rostro rojo de ira prosiguió su lectura:

Lee Bowyer deja el fútbol para dedicarse a ser actor. “La pelea que tuve con Dyer fue una farsa”, se sincera el exjugador. “Llevábamos meses ensayando para una obra de teatro. Siempre nos ha llamado lo de ser actor. En medio del partido teníamos dudas de cómo era la pelea principal de la obra que ensayábamos y fui a explicárselo. Nos salió así, no pensamos en los millones de personas que nos veían en el campo y por televisión. Si me está leyendo, me gustaría decirle que los ensayos no son lo mismo sin él. Y que todavía hay una vacante en “Vaya par de piratas”.

Con los ojos llorosos, Dyer reunió a su esposa e hijos y les dijo:

-Familia, voy a ser actor.

Tras la reconciliación de dos grandes amigos, Dyer y Bowyer se volvería a pelear, esta vez de verdad, en la segunda función de “Vaya Par de Piratas”, cuando el segundo recordó por qué Dyer no le había pasado el balón en aquel último partido que jugaron, ante el Aston Villa.


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