Tamudo, los chicos sí lloran


 

Raul Tamudo

Si los informes de aquella revisión médica en el frío octubre de Glasgow hubieran sido otros, todo habría cambiado. Si Tamudo se hubiera decidido a fichar por los escoceses antes de viajar a Sidney aquel verano olímpico, todo habría sido diferente. Si el jugador nacido en Santa Coloma de Gramenet (19 de octubre de 1977) no hubiera luchado por un balón, la carrera de Raúl Tamudo y la historia del Espanyol habrían seguido diferentes caminos.

Si hubiera pasado las pruebas médicas, Tamudo habría acabado jugando en el Glasgow Rangers, coincidiendo con Ronald De Boer, Kanchelskis o un joven Gio Van Bronckhorst. Habría sido el fichaje del año en una Scottish Premier League que el equipo protestante acabaría ganando gracias a sus goles al Celtic, en una espectacular remontada en la liga a partir de su llegada. Al año siguiente ficharía por el Everton. Destacaría moderadamente en su primer año, pero pronto sería conocido por sus goles a los grandes de la Premier. En el segundo explotaría con 19 goles, que le habrían valido para recalar en la Roma o la Lazio, o en algún equipo de Champions discontinua. En la selección española se le habría valorado más por marcar goles a Buffon o dejar sentado a Maldini durante el año. Habiendo jugado varios años a un alto nivel y con cuatro o cinco trofeos en el palmarés, Tamudo habría vuelto al Espanyol para retirarse como se merecía.

Pero no. El jugador de Santa Coloma presuntamente no pasó esas pruebas, el Rangers fichó a Tore Andre Flo y Tamudo iba a convertirse en mito en el Espanyol a pesar de haber vertido ya lágrimas de adiós. No serían las últimas, porqué a su vuelta a Barcelona llegó llorando, también le cayeron lágrimas de alegría con la Copa del Rey del Bernabéu, de tristeza tras perder contra el Sevilla la final de la UEFA y de emoción al dejar el Espanyol, el club de su vida. Quizá por no mostrarse otra vez llorando, el delantero oficializaba ayer su retirada del fútbol profesional a los 37 años, mediante las redes sociales.

No ha podido retirarse en su club, pero a cambio ha disfrutado de otro fútbol y otros lugares. Su aventura en San Sebastián con la Real Sociedad, en Madrid con el Rayo, en México en Pachuca y en Sabadell, completan una carrera destacable de un delantero inteligente ante todo. Sin ser un portento técnico ni físico, Tamudo sabía leer muy bien los pases de sus compañeros estando además siempre en el lugar idóneo. El punto de pillería callejera le daba más recursos y así lo demuestra el gol que hizo al Atlético de Madrid en la final de la Copa del Rey del 2000 cuando le birló a Toni un balón y media carrera deportiva.

Nunca se sabrá si dicho fichaje que beneficiaba y perjudicaba a la vez tanto a Espanyol como al jugador, se turnó imposible por una lesión de rodilla o fue otro el motivo. Pero a la larga, ha sido el negocio de la década para el Espanyol, que ha disfrutado de un gran jugador y que lo ha ensalzado a la altura de mito. También fue una gran decisión para Tamudo, quien ha defendido los colores del club de sus amores, el que apostó por él y al que le ha devuelto todo. Una carrera destacada, siendo un pequeño héroe y el máximo goleador catalán de la historia, y todo a pesar de no haber marcado nunca en Old Trafford o de haber hecho las delicias ante la defensa del Milán.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *